Saturday, February 02, 2013

El Dulce Milagro del Secreto



A Manera de Presentación

Inútil tempestad de aquellas noches
desterradas de mí como el deseo,
cuando un cuerpo abatido desbordaba
de funerales y de luz el mundo.

Alí Chumacero
Fragmento de "Imagen de una Voz." 


El Dulce Milagro del Secreto

Anochecí en la tenue
Tempestad de tus caricias,
Cerniéndome en tus sueños,
Descubriendo cada matiz de la esperanza
Y en tu cuerpo descubriéndome en tu cuerpo.

Anochecí la noche antigua,
Inmemorial,
La noche de todos los secretos,
La noche única donde tus labios son
La fuente de la muerte y de la vida,
La esperanza,
Toda urgencia inevitable.

Anochecí tejido entre tus brazos—
Banal, prosaico, salvaje.
Anochecí entre tus noches plácidas
Y amanezco ahora invadido de nosotros,
Callándome el dulce milagro del secreto.

Monday, December 10, 2012

Tu nombre en esta pálida noche indescifrable



Rescato tu nombre hoy,
Irremediablemente,
De las hambrientas fauces del olvido.
Ya no es el mismo.
Tu nombre bulle hoy
En la cadencia libre de otras voces,
Deriva perplejo en la
urgencia misma del encuentro.
No es más ya el nombre
que exige ser nombrado,
el secreto vivo de un anhelo,
la razón necesaria del destino.
No. Tu nombre es hoy
La ubicua noche sin estrellas,
Una música muda de matices pasionales,
El eco interminable de bramidos silenciosos
En esta pálida noche indescifrable.  

Wednesday, May 09, 2012

Escribo


A Manera de Presentación

Escribir es escarbar en el lenguaje. 
Sabiendo que también allí han quedado cicatrices.

Sandra Lorenzano.
Fragmento de "Saudades."

Escribo 

Escribo para recordarme que existo,
Para rescatar del olvido todo sentimiento,
Para impugnar la mentira que rige mientras callo.

Escribo para atormentar el olvido,
Para burlarme sutilmente del remordimiento,
Para asfixiar verdades que se me reptan por la duda.

Escribo. Siento. Rescato. Impugno. Callo.

Escribo porque si no, me olvido. 
.

Monday, November 07, 2011

Entre Lluvias

Entre lluvias, de vez en cuando hay gotas que humedecen la fertilidad de tu recuerdo.

Tuesday, May 31, 2011

Recuerdos en la Lluvia


video


He colocado tu recuerdo
En el mismo rincón
Donde has relegado el mío.
Una luz boreal les ilumina despistada
Y yo, resignado,
Les observo desde lejos.

En su mansedumbre agazapada
Son como la mortal herida
De amantes desdeñados.

Sufren.
Sufren porque aún en el olvido
Se sufre la mísera verdad del desencuentro.

Un afligido horizonte también observa
Y quiere luchar contra el destino.
Se inclina y abraza a los recuerdos
Esperando que sus almas se entrelacen,
Que en su oscuridad compartan
Las historias que les dieron vida,
Que en su silencio amedrentado,
Por lo menos,
Desplieguen sus alas a la esperanza.

Cuando el atardecer desciende,
El horizonte adolorido llora su derrota,
Pero la furia de su lluvia
Destruye todos los olvidos.
.

Saturday, April 23, 2011

Mi Silencio Encalló en tus Labios.


video

Mi Silencio Encalló en tus Labios.

En la conflagración
Oscura del deseo
Arde la sombra voraz
De tus enardecidos labios.
Mi voz se pierde
Entre sus férvidos rincones,
En sus clamores ígneos,
Dentro del candente espacio
Que has dejado para la utopía
De nuestras miradas expectantes.
Mis ojos se pierden en los tuyos:
Una infinita regresión en la que hierve
La apoteosis de todos los prodigios.
Tu voz ansiosa exige entonces
Que te diga ya,
Que hable de cualquier mentira
Disfrazada de verdad,
Que revele todos mis secretos o
Que hable antes de que el amanecer
Nos robe del dócil sortilegio.
Y entre tus ojos yo me pierdo en la verdad,
Encallando mi silencio en el milagro
De tus ardientes labios.

Wednesday, March 16, 2011

Alguna causa se volverá pretexto.


Inerte en esta masa ambigua
Que depura invocación confusa,
Mi volición vacía calla una vez más
Y observándome me observa
En mis reflejos perdidos.
Es una introspección risible:
Sabe que nada encontrará
Porque ayer contigo fui
Y dejado de ser he sido
Desde la íntegra disolución de la materia.
No se vive sin ti entre la irrealidad del mundo,
No se muere contigo en la certitud del duelo.
En el momento clave,
Tal vez,
Alguna causa se volverá pretexto. 
.

Monday, February 21, 2011

Even the Rain: a Mirror

 .



 
It could very well have been that I woke up a bit sentimental today, that the dedication to Howard Zinn was touching because it reminded me of the time he gave me a hug after autographing a copy of his celebrated book “A People’s History of the United States,” or simply that I may be getting old and soft, but, to be honest, I believe that I cried like a child while watching “Even the Rain” because Paul Laverty is a screenwriter who has a sensibility for this art and his dramatic effort—although considered melodramatic by some—resonated well and deep within my human composition, in spite of my membership in the group of those who have been oppressed.
My emphasis on Laverty does not intend to minimize the work of the director, Icíar Bollaín, or that of the well-cast actors, but, as a writer myself, I pay close interest to creations I consider laudable and Laverty’s work is something I wish I could emulate.
Rather than being a film within a film—like it has mistakenly been described, for in addition to the internal film there exists both an implicit and an explicit “documentary” element—“Even the Rain” can be regarded as a piece of conceptual art in the sense that it presents established symbolism to deconstruct it and/or utilize it for an ultimate purpose in order to evoke a response that is invariably filtered through the cultural lenses of viewers. One may argue that such is the case with every film or every piece of art, but that is exactly my point.
In this analysis, I am reminded of Gabriel Orozco’s assertion that the purpose of his art was to disappoint the expectations of those who wanted to be amazed. In one of those conundrums of destiny—or the capricious nature of an audience—it could be argued that Orozco created a paradoxical self-fulfilling prophesy in the sense that audiences resolved their cognitive dissonance upon seeing his work by finding amusement in that which the artist created to disappoint them, a phenomenon that Barry Schwabsky has called “Amazement in Reverse.” In the case of “Even the Rain,” however, amazement finds no automatic reversal because the historical symbolism presented in grand scale, by virtue of the fact that it can only be discerned from the partisan filter of the viewer’s cultural legacy, results in a reaction that replicates the mechanisms it is attempting to confront. As such, for the established film reviewer, “Even the Rain” will be a lacking film in the lines of those previously written by Laverty; for the paternalistic established film reviewer, a sensible work that deserves consideration; for a conservative audience, an example of Marxist dialectics; for a Marxist, the trivialization of Marxist ideals by the film industry; for an Indigenous audience perhaps exploitation, vindication, or nothing at all, etc. And this is the beauty of the script, and the film itself, in the sense of conceptual art, for even in its stereotypification of symbolism for dramatic purposes it acts as a mirror of the viewers’ own prejudices.
This may also be the reason why “Even the Rain” was dedicated to the legacy of Howard Zinn, for his intention as a historian was not that of presenting a self-serving alternative view of history, as critics have claimed—some of whom were self-serving revisionist historians. That is, Zinn intended to present a mirror from the perspective of the oppressed to serve as a projection screen in order for the historically privileged to learn something about empathy. 
Now, that is conceptual history.
.

Tuesday, February 15, 2011

[(En)ti]juana2


A petición popular, incluyo aquí este relato de una aventura realizada hace algunos años. [Para mejorar la lectura de este relato se recomienda escuchar un par de canciones: "Sarri, Sarri" de Kortatu y "Desde que te perdí" de Kevin Johansen]
 

[(En)ti]juana2

Nuestra resaca no auguraba alivio, pero aún así nos lanzamos a Tijuana un día después de lo acordado. De alguna forma, Manuel decidió unánimemente que el plan era que no hubiese planes, e Idurre y yo dejamos que semejante contradicción enardeciera nuestros espíritus hedonistas para llegar lo antes posible y quedar entijuanados hasta el alivio.*

"¿Quieres que maneje?" le pregunté a Idurre.

"No. Yo estoy bien," respondió. "Cuando me canse, yo os aviso."

"Sí, Idurre," dijo Manuel. "Avísanos cuando te canses."

Minutos después, Manuel Loes, locuaz artista ganador de premios internacionales que joden a rígidos mamagüevos, cayó dormido con la desfachatez de un guerrero de la juerga dispuesto a recuperar energías para seguir la farra infinita.

"¡Qué cabrón!" dijo Idurre. "Y luego va a querer que le aguantemos el paso esta noche."

Manuel permaneció dormido, quizá, hasta que llegamos a Tijuana. Yo no le conocía, pero me cayó muy bien desde el principio. Después me enteré que coincidíamos en muchas cosas, sobretodo en nuestro radar para identificar mamagüevos o en nuestra habilidad para burlarnos de ellos. Mientras él dormía, Idurre y yo tuvimos la oportunidad de hablar de nuestras respectivas penas y emanciparnos de nuestro pasado, cada quien por su lado. Manuel despertó justo cuando el "horizonte de sucesos" comenzaba a ser visible, pero más que un agujero negro, la ciudad nos recibió con las puertas abiertas (léase no revisión en la garita aduanal, como siempre) y sus habitantes con la hospitalidad de su bendito averno.

"Disculpe," preguntó Manuel a un transeúnte después de haber comprado los boletos para el concierto de Fernando Delgadillo en el Cecut.* "¿Usted sabe por dónde queda una taquería, el maza-no-sé-qué?"

"¿El Mazateño?" respondió el Tijuaverno ciudadano. "Ahí nomás siga las curvas y está después de un campo de fútbol."

Seguimos las indicaciones sin éxito, recordando como habíamos mandado al carajo a turistas extraviados con la inocente perversidad de nuestra niñez. Preguntamos muchas veces más y, sorprendentemente, todos sabían en donde estaba el famoso lugar. Después de casi una hora entre vertiginosas cuestas repletas de arduas curvas y despiadados chóferes, llegar al Mazateño se convirtió en una misión que tenía que cumplirse a como diera lugar.

"Más vale que esos tacos estén buenos," advirtió Idurre.

 Aceptando el reto, Manuel simplemente sonrió en silencio y nos miró con cara de "ya verán." No se equivocó. A final de cuentas, él ya se había curado una cruda ahí y, verdaderamente, esos tacos de camarón enchilado son capaces de remediar cualquier mal de crudos o sobrios a toda hora y bajo cualquier pretexto. De ahora en adelante, el Mazateño es parada oficial durante toda visita a Tijuana. Así fue acordado en el Manifiesto Amuseístico de Artistas sin Galería en Búsqueda de Vulcanizadora.

Manuel desapareció abruptamente y de la misma forma regresó cargando cuatro botellas Ballena de cerveza Pacífico. Mónica, artista local y amiga de Manuel, se había unido al grupo después de la apertura de su exhibición artística y era nuestra guía en los barrios bravos de Tijuana. La idea era empezar en el Dragón Rojo y seguirle, pero el lugar nunca se convirtió en Lagartija Verde—aún después de las peleas—así que nos quedamos hasta que nos corrieron. Honestamente, no me costó trabajo entrar en forma.

"¿Cómo te la estás pasando, Carlos?" preguntó Idurre.

"De puta madre," respondí con mi ballena en la mano y bailando Ska sin parar.

"Ya veo," dijo Idurre.

En mi vida he bailado algo, mucho menos Ska. Siendo del país Vasco, pero sobretodo mujer, Idurre se convirtió en el suceso de la noche ante DJs amantes del Ska de Euskal Herria. Estaba tan atiborrada de admiradores que en ocasiones se le dificultó la comisión de cuidar a Manuel.

"Carlos, ¿dónde está Manuel? Acuérdate que me lo encargaron."

No pude responder porque los enajenadeejays se la llevaron. Todos pensaban que era mi esposa o mi novia, pero aún así les valió madre y la abordaron hasta el cansancio. Después de mi segunda caguama, le pidieron el número de teléfono.

"Mejor te doy el e-mail," decía Idurre, nunca perdiendo el decoro aún después de las caguamas. "A ver. Apunta. Idurre no-sé-qué, arroba, punto, o-r-g."

Yo sardónicamente observaba.

"¿Así que te estás montando tu orgía, Idurre.org?" Le pregunté al cabo de varios incautos.

"Vete a la mierda, carloslemus.com."

Nos cagamos de la risa y seguimos bailando. Para entonces, Manuel estaba en plena crisis existencial porque alguien osó decirle que en Tijuana no había vulcanizadoras.

"¡Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bi badoaz,
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, hanka kalera
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bafleetatik...
kriston martxa dabil!"


Borracho o no, yo hubiese bailado igual ante semejante ritmo. Los músculos de los pies todavía me duelen. No sé si tocaron esa canción sólo una vez o si yo recuerdo que la tocaron varias veces, pero la idea es que la escuché, la bailé y la recuerdo. Mónica y yo conversamos.

Los enajenadeejays no se cansaban de Idurre.

Manuel comía cacahuates, eso dicen por ahí, ponderando sobre el dilema de las inexistentes vulcanizadoras Tijuanenses.

Alguien a quien llamaremos el Flaco me abordó adjudicándome matrimonio con Idurre, aseverando que sin duda yo debía estar muy feliz con ella.

"Idurre no es ni mi novia ni mi esposa," le dije. "Es mi amiga."

El Flaco sonrió ampliamente, revelando sus dientes de chimpancé, me tendió su mano, saludándome efusivamente, y después de propinarme un abrazo de asco, desapareció diciendo gracias. Minutos después, regresó con una caguama y vertió cerveza en mi vaso sin decir palabra. Cuando lo volví a ver ya le estaba pidiendo el número de teléfono a Idurre. Ella seguía dando información falsa que el Flaco se creyó.

"Mira, no sirve tu bolí," creo que dijo Idurre.

Le presté mi pluma al Flaco. Idurre me miró con ojos de odio.

"Gracias," dijo el Flaco. "Mira," dijo a Idurre ofreciendo su magra pluma. "Te la regalo para que te acuerdes."

"¡Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bi badoaz,
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, hanka kalera
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bafleetatik...
kriston martxa dabil!"

Manuel desapareció con las llaves del auto minutos antes de que cerraran el Dragón Rojo. Para entonces, si Idurre todavía se acordaba del encargo de cuidar a Manuel, no hacía nada evidente para cumplirlo. Hablamos un poco sobre lo bien que nos la estábamos pasando y tuvimos que salir porque cerraron el lugar. Rumbo al estacionamiento, percibí que la prostituta adolescente de pantalón rosa entallado permanecía parada en el mismo lugar. Ofreció sus servicios a varios transeúntes, pero todos la ignoraron. En el baño del bar, había escuchado una conversación sobre lo mal que estaba la economía. Los interlocutores hablaban de lo mucho que había bajado la cosa, que, increíblemente, los primeros negocios de la Revo en tronar habían sido los sexo-bars. Sin duda, la pobre chava sentía esos efectos peor que todos.

En el auto, Manuel roncaba a pulmón abierto, pero despertó haciendo caso omiso a nuestra burla y decidido a participar en cualquier plan sin plan. Los pelones, amigos de Mónica, nos llevaron a una taquería y todos comimos lo suficiente, excepto Manuel, quien dice que comió sólo cinco, pero sin duda perdió la cuenta con la borrachera que nos cargábamos. Cuando dejamos al primer pelón en su casa, Manuel saltó del auto para acompañar a Mónica, pero ella aceleró sin piedad y Manuel regresó con cara de niño regañado mientras Idurre y yo nos cagábamos de risa.

"¡Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bi badoaz,
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, hanka kalera
Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, bafleetatik...
kriston martxa dabil!"

"Mira, deja pongo ésta otra," dijo Idurre maniobrando el iPod rumbo a casa de Mónica, más o menos a las cinco de la mañana. Después de varias canciones, sugerí un poco de jazz.

"No que jazz ni que mierda," creo que dijeron.

"¡Yo quiero mi Jazz!" protesté.

"¡NO!"

"Pero. . ."

"¡QUE NO!"

Dormimos. (Yo tarareé mi Jazz en mis sueños).

Mónica, recién bañada, salió de su casa, en la cual todos dormíamos, a las ocho y media de la mañana. Minutos después, regresó con Lolita. Subieron al cuarto de Mónica y se pusieron a ver "El Resplandor" mientras todos nos bañábamos, cada quien por separado. Con eso de que yo fui el último en bañarme, ni siquiera la sombra del resplandor me tocó. Después de dejar a Lo-lee-ta en la universidad para que asistiera a su clase de inglés, nos lanzamos a una fonda Oaxaqueña en el mercado. La sobremesa se prolongó por lo buena que fue. Tejimos sueños de todo tipo, porque los planes quedaron prohibidos, y después salimos en búsqueda de canicas para "El Sacas," un pez que Manuel tiene de mascota. El nombre lo sugirió Idurre, con eso de que nunca llegamos al Zacazonapan, uno de los bares designados en nuestro no plan inicial.

Durante nuestro viaje intelectualoide por las librerías aledañas al mercado, Manuel repitió el patrón de las canicas: Vio y seleccionó de todo, pero no compró nada. Idurre compró unos libros y encontró la clave del milenio en un manual que no adquirió porque, enamorada, no lo necesitaba. (Yo compré dos copias sin que nadie se diera cuenta).

Por la tarde, en un café que vende pecados de postres, nos aventamos una disertación descabellada en la que terminamos arguyendo que toda relación humana es sexual. Semánticamente, la aseveración tiene sentido, sobretodo si una conversación, que fue el punto inicial del debate, ocurre entre un hombre y una mujer. Mónica sólo nos daba por nuestro lado. Yo terminé externando el mensaje irónico de la película "El Lado Oscuro del Corazón," tal y como lo dice uno de sus personajes: Lo que pasa, es que este es un mundo de malcogidos. En algún momento de esa tardeada, José telefoneó a Idurre, pero la llamada se cayó al cabo de unos segundos. José entonces llamó a Manuel.

"¿Viene o no viene?" demandó Idurre.

"No sé. Dice que tiene que ver qué onda con el tren," creo que dijo Manuel.

"Pues dile que vamos por él a la estación de San Diego," dijo Idurre.

"¿Vamos?" respondí yo. "Irán ustedes. Yo soy traficante de chorizo."

Manuel fue el intermediario entre la conversación de Idurre y José, porque esa llamada sólo se trataba de su reencuentro. Ella se negó a hablar con José cuando Manuel quiso pasarle el teléfono.

"No. Dile que venga, que vamos por él y ya está."

Cuando Idurre finalmente se mosqueó por lo que parecía duda de José, comenzó a emitir onomatopeyas repletas de frustración. José entonces aseguró que llegaba en cuanto antes e Idurre sonrió satisfactoriamente.

Vaya cuaimita que salió Idurre, y sin decir palabra inteligible.

Sin duda, cruzar la frontera para regresar a Tijuana un sábado por la noche sólo se puede hacer por un acto de enamoramiento tácito (léase obnivulación o apendejamiento) o por amor. Al ver a Idurre y José juntos, opté por la segunda opción porque nunca había visto a Idurre tan feliz. (Por cierto, cuando Idurre y Manuel iban por José, Mónica y yo fuimos a comer tortas y luego platicamos hasta que regresaron casi a las tres de la mañana. Interesados en saber el contenido de esa plática pueden enviar sus solicitudes, por escrito, en un billete de quinientos Euros. Un cuarto de solicitud por billete, por favor).

El viaje al Mazateño la mañana siguiente fue pan comido. Llegamos en tres patadas y comimos tacos de camarón y pulpo enchilado, caldo de mariscos y tostada de camarón al aguachile (curtido con limón y chile). Idurre y José andaban en pleno idilio. Un cantor ambulante cargaba su grabadora con pistas de canciones de Vicente Fernández. Cantó sin parar todo un disco, sonrojándose con el esfuerzo, pero imitándolo muy bien. Cuando terminó, llegó una señora que salió más fregona: Se montó su play-back en el que la voz de la artista original era más audible que la de ella.

El valle de Guadalupe, con su recorrido por los viñedos y las vinícolas, puede ser una experiencia memorable, pero agregándole factores como amistad y luna creciente acompañada de estrellas brillantes, se torna en evento indeleble. Fue una lástima que tuviéramos que salir de ahí. El vino, a pesar de ser orgánico, estuvo dos-dos, pero a final de cuentas nos emborrachó. Llegamos a casa de Mónica un rato y luego decidimos ir a comer, pero Idurre y José decidieron quedarse porque, según ellos, no tenían hambre. En la taquería, sonó el teléfono de Manuel. Eran ellos, pidiendo un encargo de taquitos porque ya les había dado hambre. Vaya, vaya, vaya.

En Tijuana, dos se quedaron—Idurre y José. La despedida fue corta, porque el no plan era reunirnos pronto para continuar la farra bendita. Yo decidí regresar por cuestiones laborales, y hacerlo envolvió usar el auto de Idurre. Manuel regresaría por su parte con un cargamento de tacos al pastor por razones diplomáticas después de pasar por su novia Cecilia al aeropuerto.

"Es difícil encontrar alguien con quien compagines," creo que dijo Manuel. "Y, la verdad, nos la pasamos muy bien."

Asentí e hicimos planes para el siguiente fin de semana, dispuestos a arrasar con las cuatro botellas de Havana Club que Manuel había comprado en Calimex. Después de dejarlo en el aeropuerto, seguí mi ruta hacia la frontera, sintonizando el 102.5 FM, lo que alguna vez fue radio universidad. Pasaron varias canciones que Idurre había compartido de su iPod. Cuando salió la canción de Kevin Johansen, me cagué de risa:

"Las cosas no andaban bien, nada me salía,
mi vida era un túnel sin salida, pero...
…Desde que te perdí, se están enamorando todas de mí
y hasta algunas me quieren convencer
que con ellas podría ser feliz."

En esta era de exagerados intentos para mantener la falacia de una seguridad nacional, mi pasaporte norteamericano tiene todos los elementos para mandarme a Guantánamo. En la foto, tengo cara de Marroquí recién reclutado por Al-Qaeda, mi lugar de nacimiento dice México, la autoridad emisora fue la embajada norteamericana en Madrid, los hologramas se ven muy chafas y tiene visas canceladas de mis viajes a Rusia y Cuba. Aún así, el oficial de inmigración me sacó plática, un gabacho que sin duda quería practicar su español.

"¿Y en qué colonia te quedaste?"

"¡Coño!" pensé. "Un gabacho hablando como fresa."  Después de unos segundos advertí que la escena coordinaba, por lo menos dentro de los parámetros de televisión abierta en México.

Me puse a pensar sobre la casa en donde Mónica vive, que está muy bien, pero no se me ocurrió preguntarle el nombre de la colonia. Con esa pregunta, pensé que el gabacho quería hacer una evaluación de mi persona basada en el elitismo mexicano más el valor agregado del elitismo norteamericano.

"La verdad, no sé; pero una casa así no la encuentro en Los Ángeles ni por $350,000—aún con la crisis."

El oficial sonrió, pero al sonar una alarmita después de haber pasado mi pasaporte por el scanner, su conducta cambió.

"Please, follow me!" me ordenó.

"Is this about the chorizo, Sir?"

Sin responder, me mandó a segunda revisión.

Los rayos X invariablemente fotografiaron la calcomanía de "Buck Fush" que Idurre tiene pegada en el lado derecho de la defensa posterior de su auto. Si no me joden por el chorizo, pensé, me agarran por esa calcomanía. O por los cartones de cigarros, los aguacates, la botella de Havana Club y las tres botellas de vino.

"Desde que te perdí, se están enamorando todas de mí."

"Te dije que no las trajeras," una señora le reclamaba a su esposo en el auto contiguo.

"No pasa nada," le respondió él.

"No pasa nada, no pasa nada. Eso dices siempre. Ahora, ¡trágatelas!"

"¡Trágatelas tú! Yo ya no tengo hambre."

Cuando el oficial llegó a revisar su auto, casi una hora después de que yo llegué, me di cuenta que hablaban de carnitas. Yo me quedé sin escuchar mi jazz en Tijuana y sin comer mis tacos de cueritos, pensé.

"Sarri, Sarri, Sarri, Sa. . ."

El oficial me ordenó que abriera el cofre y la cajuela. Después de revisar todo—excepto mis calzones—se empecinó en que llevaba chorizo porque el papel lo decía. Le expliqué que un año antes mi maleta se extravió, que para que la aerolínea pudiera enviármela por paquetería tuvo que ser revisada en aduana y que, en efecto, llevaba chorizo (verde), pero que estaba envasado al vacío.

"What's that?"

"Vacuum-sealed."

"Eso está prohibido."

"Ahora lo sé."

"You know what the problem is?" me dijo el hijo de puta dispuesto a darme una cátedra. "El problema es que tienes que seguir las leyes norteamericanas. You are already bringing 3 bottles of wine and the limit is 2 per year."

"Esa botellas las compré en California para regalo a amigos que no pude ver en México. Tengo los recibos."

En la madre, pensé. ¿Y si me pide los recibos? ¿Y si me encuentra los aguacates?

"Go back to your car," me ordenó el cabrón.

Diecisiete minutos después, porque yo llevaba la cuenta, regresó. Al poner la nota anaranjada en el parabrisas me dijo: Sir, follow the law!

Vete pal carajo, pensé. Tanto te enfocaste en encontrarme el chorizo que ni siquiera viste los aguacates. Guacamolito, de seguro, mañana.

"Sarri, Sarri, Sa. . ."

La puta niebla que encontré en el viaje de regreso parecía de Nivola y la manejada estaba peor que de novela surrealista. Pinche Unamuno, pensé. Eran las dos de la mañana y no podía manejar por lo denso de la niebla. Creí que en cualquier momento me volvería parte de mi propio cuento (Años atrás, después de sufrir un accidente en que sobreviví de milagro, escribí un cuento para desahogarme en el cual atribuí los incidentes a una densa niebla).

"Desde que te perdí. . ."

Al llegar a Long Beach, la ciudad en donde vive Idurre, para intercambiar su auto por el mío, la inercia me llevó a la esquina de la casa de la innombrable. Pasé por ahí con los ojos cerrados, como si mi reacción me librara del recuerdo. Creo que me pasé una luz roja. (Lo siento, Idurre, por la infracción que te llegará por correo).

Una vez en mi carcacha, salí disparado a todo lo que daba, en caso de que la duda o la ilusión me doblegaran. Veinte minutos después, sin que me agarrara un Poncharelo, aterricé en Pasadena.

Cuando me fui a dormir a las cuatro y media de la mañana, "Sarri, Sarri, Sarri, Sarri, los maderos de San Juan piden pan y no les dan desde que te perdí," todavía estaba pensando en si debí haber llegado a su casa.

Entijuanado, en ella, (en ti), terminé pensando.

* La idea original había sido ir a Tijuana para asistir al concierto de Fernando Delgadillo, que en mi puñetera vida se había presentado en el Cecut, pero, ya ven, a pesar de tal logro, el recuento sólo merece pie de página porque en Tijuana se encuentra más y a Delgadillo no le piden que cante otra en el Cecut.

Tuesday, February 08, 2011

Bendigo tu Silencio en la Distancia

.

Maldice tu silencio en la distancia
La sagrada pira que arde con tu nombre.
No duele más la noche que ciega con su negro brillo,
Ni la frágil lágrima que surge virgen al instinto.
No sufre más este corazón absurdo que desea lo contrario:
En el umbral de olvidos divergen todos los deseos.
Dejemos de dudar entonces:
Te seguiré encontrando aún entre cenizas,
En la voz que callas y recuerdo,
Bajo el furor de la lluvia
Que escribe tu nombre por mi cuerpo:
Te encontraré constante con tu callada maldición
Que bendigo cuando leo tu esencia en la distancia.

.

Monday, January 31, 2011

Dibujo el recuerdo de tu boca con la lluvia


Dibujo el recuerdo de tu boca
Al saborear torrentes de pasión
Que esta lluvia nítida
Vierte entre mis labios.
Resucito terso con el imaginario beso
Cuando con tu silencio escribes a lo lejos
Elocuentes discursos sobre rencores añejos
O algún fresco e inesperado anhelo.
Yo te escucho absorto con mis atentos ojos,
Hirviendo de temor y de ansiedad
Mientras la ilusión se pierde con la lluvia
En el mísero caudal del abandono.
.

Monday, January 10, 2011

The Art Collector




This is my second short film. I am eternally grateful to all the collaborators, especially my great friend Idurre, who had the patience and equanimity to save the project in spite of all the technical difficulties. Please click on the link that appears below to watch it.

The film is High Definition. As such, it will take considerable time to load if your connection is slow. For maximum watching options, click on the play button once and pause it moments later to allow the data to load. Once the gray bar reaches the end of the time-line, click on the play button again to watch without buffering interruptions.


.

Friday, January 07, 2011

Cuando la vida se apiade de nosotros






En esta bóveda absurda
De recuerdos elevados
Una mirada cálida,
consciente,
Me devuelve la vida que olvidé ayer,
en latitudes magras e infantiles racionalizaciones.
Sus eternos irises evocan,
dilatados,
un entendimiento que perdimos
cuando el tiempo se tornó
En verdugo de anticipaciones mágicas.
La historia terminará aquí,
Sin embargo.
Ambos viajamos a la
vertiginosa velocidad de la poesía
Y algún día,
quizá,
nos reencontraremos
cuando la vida se apiade de nosotros.

Friday, December 31, 2010

Lluvia que ya no me Pertence



Rebeldes nacen las palabras
en la estéril arena del destierro
cuando su lluvia inversa inflama
algún lenguaje infecto de esperanza.

Atónito, el Pasado reprocha
tal súbita resurrección intransigente
mientras los incipientes tallos de las letras
tejen una bullente plegaria de concilio.

Pero en este desierto de suelos infernados,
todo se marchitará en los oídos lejanos
de un displicente Futuro ensordecido.

Ubícome entonces en la periferia
de esta lamentable escena,
vertiéndole delirios a estas letras;

inventándome una lluvia
que ya no me pertenece.

Sunday, December 26, 2010

La Indeleble Tinta de tus Besos



¿Cómo no claudicar ante el recuerdo
En esta noche fértil de lluvia y de deseo?

¿Como no considerar, ingenuamente,
la sublime condición de la esperanza?

Fenece, sin embargo,
El eco de aquella sinfonía forjada
en el hechizo de diáfanas miradas.

Y estas calles—vacías de razón por habitarles—
Obligan a evocar la lluvia como lluvia
Y al amor como grácil artificio
De un pérfido destino.

Pero en esta confusión de olvido y de recuerdo,
Todo es incapaz de borrar
La indeleble tinta de tus besos.

.

Wednesday, December 22, 2010

Resilience

Mami lifts her head as I find her crawling up the staircase. Our eyes meet and a sudden surge of despondency invades me. As if dragged by a heavy burden of shame, her gaze falls to the ground and she mumbles something under her breath.
“Ay, dear son!” I can barely hear her say. “You’ve caught me.”
Despair immediately turns into a tumultuous torrent of jumbled emotions that freeze me to the ground. In life, precisely as a result of the example that the woman in front of me has provided, I have been quick to offer my help, attend the needs of others, or generally respond to critical situations with a degree of equanimity that astonishes people—including myself.  This time, however, the heartrending experience is too close to the core of my being and its acerbic pain overpowers me.
Mami sees one of my fallen tears splattering on the linoleum-tiled step of the staircase and quickly shifts from her vulnerable state to a protective motherly role.
“Look, dear son,” she tells me. “I am getting better. I don’t even need a cane.”
Her astute reframing of the situation helps me regain some composure. While I lean to offer my help, I remember the times when psychological concepts such as this were easier to understand during my university studies through the analogy of her behavior. She gently pulls away.
“No, no, no!” she says. “Let me do it alone. I have to get better on my own. Or is it that you don’t want me to recover?”
Projection, I think, faintly smiling.
Moving around me, Mami uses the railing for assistance in her quest to the top of the staircase.
“You came to visit me,” she continues. “Not to take care of me.”
Projective Identification, I continue to think, smiling openly. As a child, there were instances in which I despised this type of behavior because it possessed the guilt-inducing elements of emotional blackmail, but I have grown to accept it over the years, especially now that she struggles with the anxiety-provoking losses associated with old age. In accordance with the basic ways of her upbringing, she is using these maladaptive coping mechanisms to convey the message—perhaps more as a way to persuade herself than any others—that a stroke will not prevail in breaking her unwavering character. Instead of eliciting guilt, however, her responses generate a form of unconditional affection and I simply walk along with her, ready to provide a similar kind of emotional support like the one I remember she provided to me as a child when she chose to become my mother when her daughter—my biological mother—emigrated to California.  
 “See!” Mami says as we reach her bedroom, which are my sleeping quarters during the visit. “All I need is a little exercise.”
I nod and open my arms, offering a hug, which she gracefully takes in a manner that I do not remember from childhood. The timing of the hug, as well as its duration, feels precise. She lets go and begins to make the bed, her right arm acquiescing to a jumbled link of nerve communications with the brain. I assist her and the collaboration feels natural, like a dance in which both performers foresee and respond to in accordance to the movement of each other.
“Thank you,” Mami says. “It’s just this arm—and this dumb leg. They simply refuse to cooperate.”
“You are doing extremely well,” I tell her. “Soon, you are going to be running after me. Like you used to every time I ate all the sweet bread. Remember?”
She laughs, in a manner I recollect from childhood, but which I had not seen in years.
“I don’t think so,” she manages to reply after her hearty laughter subsides. “Can’t you see that I am already too old for that?”
Mami begins to walk away and tells me that my room is ready, just in case I feel like resting or taking a nap.
“I don’t understand why you insist on sleeping elsewhere,” I say. “This is your room. Besides, we both fit on the bed well.”
“You mean you would not mind?” Mami replies.
“Of course not.” I say. “You probably would. I snore pretty loudly.”
She laughs again.
For the rest of the trip, we share the bed and countless stories before going to sleep. There are times when I snuggle close to her, in a manner that I do not remember from childhood, but that I appreciate in adulthood and will cherish for the rest of my life. 

.

Tuesday, November 23, 2010

Escribo mientras siento, mientras vivo.

Para olvidar tu amor,
Recuerdo pesadillas inhóspitas
Que nada fueron de vos,
Pero que os atribuyo para
Salir huyendo en busca de desencuentro.
Sin embargo,
Todo hay de ti:
Búsqueda, perdida, encuentro:
Nunca olvido.

Me resigno en esta bóveda fatal
Que es mi presente
y mi futuro augura 
que todo permanecerá igual.

No se puede hacer algo,
Hacer nada,
Incluso implorarle
a la lluvia suave
Una merecida tregua.

Me odiás—tal vez
Y no parece haber marcha atrás.
Me he acostumbrado al odio del mundo,
Inclusive al vuestro.
Lo que no tolero es mi conciencia:
Irrefragable, sensible,
Un espejo de todo lo que tú
Y yo guardamos en secreto
y óptimamente reflejamos en público.

Sin embargo,
escribo mientras vivo
Y siento mientras muero.

Friday, October 08, 2010

[(un)real]


     Under desolate shadows
of sublime transfigurations,
oblivion survives as the most faithful,
the clearest of all memories.

In the theater of the soul,
it is the constant mirror
of an infinite regression
where mirage is nothing but reality.

Never again a whimsical parenthesis,
(intangible footnotes of absurd premeditations),
oblivion becomes the nascent child
of irrefragable fears and carves its name
in the sepulchral stone of “life.”

As such,
no longer will memory remain
the loyal palimpsest of reconstruction,
the stubborn nest of all denial:

At this abysmal threshold,
memory and oblivion coalesce
into the coldest of all infernal contradictions. 

.

Thursday, September 23, 2010

Existe una comunicación complícita
entre la distancia y el silencio.
.

Sunday, December 06, 2009

En la Búsqueda del Sueño



Vos sos la mujer irremediable,
la mujer únicamente comparable a ti, 
y por ente indescriptible.
Vos sos la mujer.
Aquella quien con su evocación concede
más allá de los limites de su cuerpo 
y la que en cada ejercicio de concepción
evade responsabilidades y culpas.
Vos sos mujer que se desgrana al beso
y surca en la tierra estéril del alma
fertilidades de ensueño al abrazo.
Sos la mujer irrefragable y constante,
la que no cabe en un verso
ni se olvida tan fácil como el tiempo;
mujer co-dependiente a su condición de mujer
y libre de toda contingencia.
Eres el reclamo de la diosa
quien te ha creado a su forma y figura
y sos victimaria imparcial de inmemoriales musas;
mujer que exige pensarse,
mujer que demanda concederse y evadirse desquiciadamente
para poder describírsele y reiterarme así
en la búsqueda del sueño.
.

Monday, October 19, 2009

. . .y la lluvia. . .

.
Y la lluvia sobre tu cuerpo,
en tu cuerpo,
perpetró, cruelmente,
contra el olvido.
.

Thursday, October 15, 2009

Aquél Amor


Aquél amor fue jauría

que doblegó los sentimientos

y fundó vitalidad

en pasión enardecida.

Aquél amor ofendió credos y distancias,

defendió su causa a flor de piel

con sus férreas garras y sometió,

victoriosamente,

la contienda cruel del antagónico destino.

Aquél dúctil amor de miradas reflejadas,

de reciprocidad en la premura de su hecho,

magistralmente se forjó en candentes sinfonías

y aseguró indeleble huella

en el descanso del abrazo.

Aquél amor blasfemó toda corriente

obstinada en robarle su motivo

y se refugió en vigilia de esperanza;

escribió su historia entre muros de agua

y burló todo lenguaje en fertilidades áridas.

Aquél amor fue jauría de encontrados sentimientos,

pero hoy es sólo perro negro buscando su guarida,

abandonado en tus calles desoladas.

.


Tuesday, October 13, 2009

Tuesday, October 06, 2009

I will then land on the arid crevices of your imagination and allow you to lubricate my thoughts with the fertility of our encounter.

Regreso a la feracidad irredente de un momento para recordar.

Sunday, October 04, 2009

Wednesday, September 30, 2009

Desperté alguna vez que estaba consciente

.

video


Desperté alguna vez que estaba consciente

para adormecerme en un sueño.

Entonces viví y disfruté de glorias inéditas

e infiernos malcontados,

sometí umbrales invencibles,

me subyugué ante frágiles debilidades,

recorrí caminos imprevistos

y fui en dimensiones aledañas,

me olvidé de mentiras

para recordar perdidas realidades,

reescribí algún pasado

intentando manipular un futuro,

abordé de lo dispuesto y,

su disponibilidad sobrecogida,

dispuso de mí con su abordaje,

dormí sin sus brazos y desperté entre ellos;

desperté entre sus brazos y dormí sin ellos.

Desperté alguna vez que estaba consciente,

pero ahora sueño para despertar.

.

Silencio

Silencio


Habrá entonces que hablar de algo,

como se siente y objeta del recuerdo.

Habrá de hablarse negándole el todo,

diciéndole nada en de-estructuradas métricas

de la antítesis de lo permitido.

Existe mucho que sentir y de que hablar

en la evasión de lo indiscutible,

porque en la obviedad de la existencia,

a manera de burla,

sólo contamos con el significado.

Pero si en esta noche

el eco se rehúsa para interpretaciones,

callémoslo todo entonces y dejemos

que nocturnos gatos encarnen el deseo

emanándonos del alma.

Dejemos que perezca el eco en el placido silencio del sueño,

porque para entonces,

favorecidos del juicio de un subconsciente rezagado,

las palabras fluirán sin recelo

y la sonoridad del mundo externo

convergerá lluvia adentro, mar afuera,

entrañas emergentes ante el nacimiento

de una fortuita paradoja ineludible.

Habrá que hablar,

como se siente e impugna el sufrimiento,

pero para eso se requiere de palabras,

y hoy, ya no las tengo.

.

Sunday, September 27, 2009

Mi voz


M
i voz,
para que sea voz,
precisa de la entera audiencia de sus oídos
que hoy no están dispuestos a escucharle.

.